Bocas del tiempo
“Sentada
de cuclillas en la cama, ella lo miró largamente, le recorrió el cuerpo
desnudo de la cabeza a los pies, como estudiándole las pecas y los
poros, y dijo:
-Lo único que te cambiaría es el domicilio.
Y
desde entonces vivieron juntos, fueron juntos, y se divertían peleando
por el diario a la hora del desayuno, y cocinaban inventando y dormían
anudados.
Ahora este hombre, mutilado de ella, quisiera recordarla
como era. Como era cualquiera de las que ella era, cada una con su
propia gracia y poderío, porque esa mujer tenía la asombrosa costumbre
de nacer con frecuencia.
Pero no. La memoria se niega. La memoria no
quiere devolverle nada más que ese cuerpo helado donde ella no estaba,
ese cuerpo vacío de las muchas mujeres que fue.”
— E. Galeano - Bocas del tiempo
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